La sabiduría se reduce a una pregunta

La sabiduría se reduce a una pregunta extremadamente simple; ¿Puedo cambiar esto que no me gusta?. Si todavía cabe hacer algo, ¿Por que sufrir? Saquemos energías desde los sótanos y hagamos el cien por cien para neutralizarlo o transformarlo, parcial o totalmente. En caso contrario, si ya no cabe hacer nada, si todos los horizontes están clausurados, ¿para que preocuparse? Silenciemos las preguntas, cerremos la boca, abandonemos toda resistencia, inclinemos la cabeza apoyandola en las manos benditas y amantes del Padre y la paz sera nuestra herencia

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Ignacio Larrañaga: ” Muestrame tu Rostro”

Consejos

No digas que no tienes suficiente tiempo. Mira los ojos de la persona con quien hablas. No tengas miedo de decir: no sé! Ten un sueño tras otro y trabaja en realizarlo. Haz pocas cosas pero hazlas bien.

Sé siempre el primero en decir “hola”. No dejes que tus posesiones te esclavicen. Agradece, aprecia, reconoce. Sé tú mismo abiertamente. Disfruta de un buen abrazo al día. Invítate a salir de vez en cuando y disfruta de tu propia compañía. Pasa al menos 10 minutos al día en silencio, en paz y serenidad. Haz una buena acción al día. Cuándo hagas una acción mala, perdónate. Siempre hay alguien a quien amar. Búscalo. Cada día haz algo diferente. Aprende a callar, a contemplar y a sorprenderte. Disfruta de tus logros. No seas infiel. Sé honesto y no digas mentiras. Identifica tus dones y vívelos en plenitud. Reconoce qué te pone de malhumor.

Ponte de mal genio sólo cuando valga la pena. De cada adversidad busca qué puedes aprender. Lee más libros y mira menos TV. No busques a quien culpar. Planta un árbol. Educa un hijo. Lee buenos libros. No busques respuestas, busca preguntas, no es suficiente escuchar, aprende a escuchar. Alimenta tu mente con pensamientos y recuerdos agradables. Pregúntate al acostarte: qué aprendí hoy? No le quites la esperanza a alguien. Aprende a hablar y a expresar tus ideas en público.

Reconcíliate con tu pasado y acéptalo como tal. Practica la aceptación y la flexibilidad. Aprende a empatizar, a estar con el otro. Vive ya las historias que contarás a tus nietos. Levántate pronto y agradece el nuevo día. Regala rosas con frecuencia. Da a la gente más de lo que espera. Ama tu trabajo y con quien lo haces. Disfruta los momentos de soledad. No esperes que el dinero te traiga felicidad. Perdona. Perdona. No cargues con resentimientos. Lo que pasó, pasó. Ten siempre presente por qué viniste a este mundo.

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autor: Eduardo Martí F.

del libro de Felipe Santos, Salesiano

 

Tú, cuando ores

Tú, cuando ores, entra en tu cámara y cierra la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

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Evangelio de San Mateo, capítulo 6, versículo 6

 

El que se ama a sí mismo, se pierde

Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.

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Escogiendo mi cruz

Cuentan que un hombre un día le dijo a Jesús:

- “Señor: ya estoy cansado de llevar la misma cruz en mi hombro, es muy pesada y muy grande para mi estatura”.

Jesús amablemente le dijo:
- “Si crees que es mucho para ti, entra en ese cuarto y elige la cruz que más se adapte a ti”

El hombre entró y vio una cruz pequeña, pero muy pesada que se le encajaba en el hombro y le lastimaba, buscó otra pero era muy grande y muy liviana y le hacía estorbo, tomó otra pero era de un material que raspaba, buscó otra, y otra, y otra…. hasta que llegó a una que sintió que se adaptaba a él. Salió muy contento y dijo:

- “Señor, he encontrado la que más se adapta a mi, muchas gracias por el cambio que me permitiste”.

Jesús le mira sonriendo y le dice:
- “No tienes nada que agradecer, has tomado exactamente la misma cruz que traías, tu nombre está inscrito en ella. Mi Padre no permite más de lo que no puedas soportar porque te ama y tiene un plan perfecto para tu vida”

Muchas veces nos quejamos por las dificultades que hay en nuestra vida y hasta cuestionamos la voluntad de Dios, pero El permite lo que nos suceda porque es para nuestro bien y algo nos enseña a través de eso. Dios no nos da nada más grande de lo que no podamos soportar, y recordemos que después de la tormenta viene la calma y un día esplendoroso en el que vemos la Gloria de Dios.

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La experiencia de la oración

La experiencia de la oración se parece a la de la amistad. En los comienzos, sientes la necesidad de comunicar a tu amigo muchos pensamientos y sentimientos y, poco a poco, las palabras disminuyen para mantenerte en un profundo silencio ante el otro. Lo mismo sucede en la oración;: a medida que avanzas, el silencio va adquiriendo más tiempo e importancia que las palabras. Todo tiene lugar en un más allá de las palabras y te basta una breve palabra de la Escritura para alimentar toda tu oración.

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Autor: Jean Lafrance | 

Señor, ¿por qué has hecho esto?

Cuando estemos enfermos  en cama, digamos al Señor: “Hágase tu voluntad” y repitámoslo cien y mil veces, pues con ello daremos más gloria a Dios que con todas las mortificaciones y devociones que podamos practica.

Aceptemos también con paciencia la muerte de los parientes y amigos. Algunos, por la muerte de un pariente, se vuelven inconsolables y dejan la oración, los sacramentos y todas sus devociones. Y no faltan quienes se quejan a Dios y dicen:

Señor, ¿por qué has hecho esto?

San Agustín tiene unas frases hermosas. Dice: La voluntad de Dios es que estés sano, algunas veces, otras que estés enfermo. Si la voluntad de Dios es dulce para ti cuando estás sano, y amarga cuando estás enfermo, no eres de corazón perfecto. ¿Por qué? Porque no quieres encauzar tu voluntad a la voluntad  de Dios, sino que pretendes torcer la de Dios a la tuya

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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R “JESÚS, CONFÍO EN TI ”

Sé sincero contigo mismo

Sé sincero contigo mismo y con Dios. Aunque te pese haberlo hecho o haberlo omitido, eso ha sido tuyo, fruto de tu libertad. Y aunque te pueda costar, sácalo a la luz de tu interior y, después, muéstralo al sacerdote, como dijo el Señor a un leproso (Lc 17,14). Si lo reconoces, no importa lo que haya sido ni su gravedad, pues «aunque vuestros pecados sean rojos como la grana, se volverán blancos como la lana» (Is 1,18).

Es malo cometer el pecado, pero es peor que se pudra en el interior, imaginando que «no ha pasado nada» y que con el tiempo desaparecerá. Así tampoco desaparecen las heridas, que, si se ocultan, acaban mucho peor y duelen más.

Dios nos conoce muy bien y sabe lo que nos puede dar la salud espiritual (en latín la palabra salus significa tanto la salud como la salvación) y nos ha dado el remedio para curarnos y ser felices,

Ten confianza hijo, ten confianza hija, vuelve a decirnos el Señor como dijo a los que a Él se acercaban para ser curados (Mt 9,22). Lo que ahora importa es que te pongas de rodillas delante de Dios, reconozcas tus errores y le pidas perdón. Si te confiesas pecador, Él no te condena, te perdona, y podrás saborear lo que decía el salmista: «Gustad y ved qué bueno es el Señor» (Salmo 34,9).

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Pedir perdón a Dios
Jesús Martinez García

Tened pues paciencia

Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías.
Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca.
Epístola de Santiago 5:7

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El señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas  y repara mis fuerzas. 
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,  nada temo, porque tú vas conmigo:  tu vara y tu cayado me sosiegan. 
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;  me unges la cabeza con perfume,  y mi copa rebosa. 
Tu bondad y tu misericordia me acompañan  todos loa días de mi vida,  y habitaré en la casa del Señor  por los años sin término.
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