Archivos de la categoría ‘General’

Oren por favor…

Julio 17, 2008

En todo este tiempo he conocido personas que comparten su corazón, su dolor, su esperanza, pero necesito ahora de ustedes.

Ha llegado el momento en mi vida que realmente me siento perdido, las personas que me decían amarme, quererme, me han abandonado, mi familia no ha dejado de apoyarme, son los únicos que no me han dejado solo, siento un gran vacío en mi alma, no se adonde vaya a parar, ustedes han sido sin conocerlos, la manera en que mi alma se siente útil, por que se lo que es el dolor, la soledad, la desesperación y es por eso que poco o mucho, he aportado algo al mundo, ahora necesito sus oraciones por que mi mundo se ha venido abajo

En verdad mi alma está llena de preguntas, de sentimientos encontrados, es como si me sintiera como un niño en medio del desierto, humillado, despreciado, engañado

 

Santísima Virgen del Carmen

Julio 16, 2008

Súplica para tiempos difíciles

“Tengo mil dificultades:
ayúdame.
De los enemigos del alma:
sálvame.
En mis desaciertos:
ilumíname.
En mis dudas y penas:
confórtame.
En mis enfermedades:
fortaléceme.
Cuando me desprecien:
anímame.
En las tentaciones:
defiéndeme.
En horas difíciles:
consuélame.
Con tu corazón maternal:
ámame.
Con tu inmenso poder:
protégeme.
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén.”

Pensar lo bueno y verdadero - Noel Diaz

Julio 13, 2008

La reconstrucción de Sión

Julio 13, 2008

14 Sión decía: “El Señor me abandonó,
mi Señor se ha olvidado de mí”.

15 ¿Se olvida una madre de su criatura,
no se compadece del hijo de sus entrañas?
¡Pero aunque ella se olvide,
yo no te olvidaré!

16 Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos,
tus muros están siempre ante mí.

17 Tus constructores acuden presurosos,
los que te demolieron y arrasaron se alejan de ti.

18 Levanta los ojos y mira a tu alrededor:
todos se reúnen y llegan hasta ti.
¡Juro por mi vida –oráculo del Señor–
que a todos ellos te los pondrás como un adorno
y los lucirás como una novia!

19 Porque tus ruinas, tus escombros
y tu país destruido
resultarán estrechos para tus habitantes,
y estarán lejos los que te devoraban.

Consolación

Julio 13, 2008

En la tristeza, en la enfermedad, en el luto, en la persecución, el hombre tiene la necesidad de consolación. Sus familiares y amigos acuden a consolarlo cuando los demás lo abandonan. Pero aun esas palabras son tan solo un tenue alivio. El hombre se queda solo con su dolor. En los momentos decisivos estamos solos

En la Biblia el caso típico, símbolo de todas las desolaciones, es el abandono total de Jerusalén, arrasada, saqueada, quemada, deportada al exilio y olvidada de Dios: “Dios me ha abandonado, el Señor se ha olvidado de mi” (Is 49,14). Pero tanto el profeta Jeremías como el profeta Isaías ofrecen el libro de las consolaciones, Dios se presenta como un padre cariñoso anunciando que “por un breve instante te abandonare, pero con gran compasión te recogeré” (Is 54,1-9)

Hay ciertos momentos en que nada ni nadie es capaz de consolarnos. La desolación alcanza niveles demasiado profundos: ni amigos ni familiares ni amantes pueden llegar a esa profundidad. A veces se dan situaciones indescriptibles, incluso indescifrables par nosotros mismo, no se sabe si es soledad frustración, nostalgia, vacío o todo junto. Solo Dios puede llegar hasta el hondón de esa sima

No hay alma que no tenga la experiencia de que, hallándose en ese estado, repentinamente y sin saber cómo, uno siente una profunda consolación como si un aceite suavísimo se hubiera derramado sobre las heridas. Dios bajo sobre el alma herida como una blanca y dulce enfermera

Otras veces el hombre llega a sentirse como un niño impotente: desengaños, una grave enfermedad, un fracaso definitivo, la proximidad de la muerte… La desolación es demasiado grave, sobrepasa todas las medidas. ¿Quién podrá consolarlo? ¿El amigo? ¿la esposa? “Como una madre consuela a su niño, así los consolare yo” (IS 66,10-14) El consuelo de Dios sabe a aceite derramado que llega hasta las heridas de la desolación.

Y si la desolación es debida a la ausencia de Dios, entonces una visita de Dios es capaz de “trocar la oscuridad en la luz”; brotaran manantiales de agua y los montes se transformaran en caminos y los desiertos en jardines” (IS 43,1-4)

Muéstrame tu rostro, Ignacio Larrañaga

Editorial: San Pablo

Si quieres, puedes

Julio 11, 2008

Viene a Él un leproso suplicante y de rodillas le dice: si quieres, puedes limpiarme. En estas pocas palabras encontramos una guía completísima: haremos una verdadera oración cuando apliquemos a nuestros diálogos con Dios la humildad, la fe y, sobre todo, la búsqueda de la voluntad de Dios.

Suplicante, de rodillas. Se acerca como quien se reconoce pequeño, débil, indefenso, necesitado. Es consciente de su enfermedad. No se presenta arrogante, presuntuoso. Sabe muy bien que su enfermedad no le permite esas actitudes. Era un pobre hombre, necesitado como pocos. Por eso se presenta suplicante; no exige, no obliga ni se encara con Dios. Le habla de rodillas.

Cuando oramos, debemos ver ante todo que somos nosotros quienes necesitamos de Dios. Porque estamos enfermos, débiles, indefensos. No podemos ser presuntuosos. No podemos exigir a Dios que nos escuche, pues no hacemos ningún favor a Dios al rezar o al cumplir nuestros compromisos. Debemos acercarnos a Dios conscientes de nuestra debilidad y nuestra nada. Acercarnos ante quien todo lo puede, lo abarca todo y todo lo sabe. Quien se acerca con esta humildad substancial, no exige, no obliga a Dios a que le escuche, no se deprime por no ser atendido inmediatamente, pues nunca se sintió con derecho a ello. Tan sólo expresa su petición con un: si quieres…

No se puede llamar oración, ni petición esas “amenazas” que los hombres sin fe dirigen escépticamente algunas veces contra Dios y que comprometen incluso su realeza y omnipotencia: “Si eres Dios, quítame esta enfermedad. Si realmente eres omnipotente, como dicen, sana a mi hijo. Si es verdad que me quieres ¿por qué me haces esto?…” ¡Qué diferente oración la de aquel pobre leproso, sin esperanzas, casi sin aspiraciones! Tan sólo invita a Dios a que le ayude, no le obliga.

Si quieres, puedes… Como diciendo: “estoy completamente seguro de que tú puedes hacerlo; basta que quieras”.


Autor: P. Jose Luis Richard

Reflexión: Una flor

Julio 11, 2008

Había una joven muy rica, que tenía todo: un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo donde le pagaban muy bien, una familia unida. Lo extraño es que ella no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo su tiempo y su vida estaba mal en algunas áreas. Si el trabajo consumía mucho tiempo, abandonaba a sus hijos, si surgía algún problema, ella dejaba de lado a su marido… Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después. Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: una flor muy cara y rarísima, de la cual había apenas un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo:

“Hija, esta flor te ayudara mucho más de lo que tú te imaginas! Únicamente necesitas regarla y podarla de vez en cuando, ocasionalmente conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y las más lindas flores.”

La joven la recibió emocionada, pues la flor era de una belleza sin igual. Mas el tiempo fue pasando, los problemas surgían, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor. Ella llegaba a casa, miraba la flor y aun estaba ahí, no mostraba ningún signo de debilidad o muerte, siempre, linda, perfumada. Entonces ella pasaba sin prestarle más atención. Hasta que un día, sin más, la flor murió. Ella llego a casa y se llevo un susto! Estaba completamente muerta, sus raíces estaban resecas, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La Joven se hecho a llorar y le conto a su padre lo que había acontecido.

Su padre entonces respondió: “Imagine que eso ocurriría, y no puedo darte otra flor, porque no existe otra igual a ella, era única, así como tus hijos, tu marido, tus amigos y toda tu familia. Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero debes aprender a regarlos, podarlos y dar atención a ellos, pues así como la flor, los sentimientos también mueren. Tú te acostumbraste a ver la flor viva, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. Cuida a las personas que amas!”

Y tú?… Cuidas de las bendiciones que Dios te ha dado? Proteges esa flor, pues forman parte de las bendiciones del Señor: El nos las da, mas nosotros somos lo que debemos cuidar de ellas.

Cárceles en las que nos encarcelamos

Julio 3, 2008

Los seres humanos continuamente fabricamos cárceles en las que nos encerramos nosotros mismos. Bien lo dijo Amado Nervo: «Cada día remachamos un eslabón más de la cadena que ha de aprisionarnos.»

Una de las cárceles más nefastas en la que nos encerramos es la del miedo. Algunos tememos a la enfermedad y a la muerte prematura sin saber siquiera si tal vez pasemos toda la vida sin tener que sufrirlas. ¿Qué ganamos con semejante temor? ¿Acaso no nos priva de la paz interior, aprisionándonos en una celda de preocupación constante? Cristo tenía toda la razón cuando dijo: «¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? … Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.» 1

Aun en el peor de los casos no tenemos que temer. Si Dios permite que nos enfermemos o que muramos prematuramente, tanto la enfermedad como la muerte prematura pueden ser experiencias que nos liberen de las preocupaciones temporales de esta vida y nos lleven a concentrar nuestra atención en un porvenir eterno.

Así que en lugar de permitir que el temor a la enfermedad y a la muerte nos aprisione, encerrándonos en una cárcel, permitamos más bien que el amor de Dios, amor perfecto que echa fuera el temor, nos libere de ese temor y nos lleve a estrenar una vivienda espaciosa como la que Dios nos tiene preparada más allá de la muerte, en la nueva Jerusalén. Allí vivirá Dios en medio de nosotros, y no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor. Pues como Dios mismo dice proféticamente en calidad de Alcalde de aquella ciudad santa: ¡Yo hago nuevas todas las cosas!

Carlos Rey

El zapatero

Julio 3, 2008

Un joven llamado Ronald tenía una tía que lo quería mucho y era muy bondadosa con el. En una ocasión ella llevo al joven a un zapatero para que le hiciera un par de zapatos a la medida.

El zapatero le pregunto: ¿Quieres los zapatos puntera cuadrada o redonda? Ronald tartamudeo un poco, el no sabía lo que quería.

El zapatero dijo: ” Esta bien. Ven por acá dentro de un par de días, me dices lo que quieres y te haré los zapatos”. Dos días después, el zapatero lo vio en el pueblo y le volvió a preguntar:

“¿Quieres los zapatos puntera cuadrada o redonda?

Ronald le contesto: “No sé”.

El zapatero le dijo: “Ven dentro de dos días y tus zapatos estarán listos”.

Ronald contaba que cuando fue a buscar los zapatos, uno de ellos tenía la puntera cuadrada y el otro redonda.

El zapatero lo miro y le dijo: “Esto te enseñara que desde ahora en adelante, no debes permitir que la gente tome decisiones por ti”.

Y el joven agregaba: ” Aprendí allí mismo a tomar mis propias decisiones, si uno no lo hace, otro lo hará por uno”

¿No sientes la suficiente confianza como para tomar una decisión, ya que tienes miedo de cometer algún error?, bueno, pues entonces recuerda que inclusive las malas decisiones pueden ser una excelente oportunidad de aprender.

Vengan a mí

Junio 26, 2008

Sosiego, serenidad,
aparentas en tu alma…
si llega la adversidad,
veo que pierdes la calma.
Ese aparente sosiego,
tu paciencia mientras callas,
te van dando presión dentro
hasta que de golpe estallas.
¿No será que no es verdad,
que no tienes armonía,
que es la tuya falsa paz
que la ira contamina?.


Es solo superficial
esa calma que aparentas,
y cualquier contrariedad
hace estallar la tormenta…
Si por completo te das,
la vida tendrá sentido:
en Él podrás descansar,
tendrás reposo y alivio.
Pídele al Señor sus dones,
su paz y su mansedumbre,
pídele que te perdone
y que su Gracia te alumbre.