Archivo de 8/11/07

Salmo 57

Noviembre 8, 2007

Súplica confiadaTen piedad de mí, Dios mío, ten piedad,porque mi alma se refugia en ti;yo me refugio a la sombra de tus alashasta que pase la desgracia.Invocaré a Dios, el Altísimo,al Dios que lo hace todo por mí:él me enviará la salvación desde el cieloy humillará a los que me atacan.¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad!Yo estoy tendido en medio de leonesque devoran con avidez a los hombres;sus dientes son lanzas y flechas,su lengua, una espada afilada.¡Levántate, Dios, por encima del cielo,y que tu gloria cubra toda la tierra!

El amor de Dios se plasma en Jesucristo

Noviembre 8, 2007

Dios no se ha contentado con decirte que te amaba; un día en el tiempo, se ha hecho hombre: un ser como tú, de carne consciente y de sangre.

No necesitas haber hecho estudios superiores para comprender lo que es un hombre. Basta que te sientas vivir, amar y llorar. Un hombre nace, vive y pasa por la tierra, y es Dios: Jesús de Nazaret, hijo de María, hijo de Dios. Si tienes alguna experiencia del Dios tres veces santo, no puedes menos de maravillarte, asombrarte, pasmarte ante este misterio de Jesús.

Es un ser que es enteramente Dios, sin ninguna reserva ni matiz. Es un ser que es enteramente hombre, sin ninguna reserva y sin ninguna merma de su humanidad: “No es tan sólo un hombre que nace en Belén, que trabaja en Nazaret, habla a las multitudes en Palestina, que grita de miedo en Getsemaní, que muere en Jerusalén: es Dios que nace, trabaja, habla, grita y muere” .. Jesús realiza el enlace de Dios con el hombre y del hombre con Dios. Y para ello le basta existir, no necesita hacer más. Es ciertamente el amor de Dios para contigo lo que se plasma en Jesucristo.

Recibe en tu corazón al Verbo encarnado y escudriña sin descanso el misterio de su persona. Pídele a menudo que te sumerja en el corazón de Dios y en el corazón del hombre. Cuando tocas a Jesucristo por la fe, descubres la verdadera dimensión de tu ser de hombre transformado en casa de Dios.

Es preciso que este conocimiento de la presencia de Cristo eche profundas raíces en ti. Es el único objeto y el único fin de la oración. Si pasases todo el tiempo de tu oración pidiendo esta gracia, aceptarías los puntos de vista de Dios sobre ti. Sábete que esto que pides así con esta insistencia responde al deseo del Padre. El Padre espera que tengas tus manos abiertas y suplicantes para depositar en ellas a su Hijo.


Autor: Jean Lafrance