Archivo de 28/09/07

Luces en el camino: El Sufrimiento

Septiembre 28, 2007

En medio del dolor de una tristeza, de la soledad, de la enfermedad, y de muchas situaciones que nos llevan a dudar, a clamar desde lo más profundo de nuestros ser, es difícil encontrarle un fin a nuestros problemas, pero cuando la tormenta pasa, y somos capaces de reconocer que Dios es quien nos socorre, es importante tomar conciencia de que volveremos a tener dificultades, malos momentos, y muchas dudas, pero ahora conociendo ya el amor de Dios, debemos de ver mas alla de lo que sentimos, tomados de la mano de Dios en espíritu, y atrevernos a levantar la mirada y ver luz, donde solo hay oscuridad, con la única herramienta que Dios no ha dado, la fe

Capítulo 5: El Sufrimiento

El sufrimiento es un gran medio de superación personal. El sufrimiento es un tesoro que Dios pone en nuestras manos para santificarnos. Es como una escalera que nos ayuda a acercarnos más a Él. De hecho, el sufrimiento, queramos o no, es parte integrante de la vida humana. No hay nadie que, tarde o temprano, no participe de él. Por eso, debemos aprender a llevar la cruz de cada día y saber ofrecérsela con amor a nuestro Padre Dios. Como decía el poeta, padre Juan B. Bigazzi:

Mi dolor es una llavecita de oro;
aunque sea pequeña, me abre un gran tesoro.
Es cruz, sí, mi llave, pero es cruz de Cristo.
Y, cuando la abrazo, voy con Jesucristo.
No he contado nunca los días de cruz,
pues sé que en su pecho los guarda Jesús.
Vivo simplemente momento a momento
y el día así vuela como hoja en el viento.
Sé que desde el cielo, mirada mi vida,
será apenas gota de lluvia caída.
Pasará la vida, víspera de fiesta.
Morirá la muerte… Sólo el cielo resta.
Aún faltan dos lágrimas amargas de llanto…,
después, junto a Dios, será eterno el canto.

Él te dice: Yo nunca te dejaré ni te abandonaré (Josué 1, 5). No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36). Porque en Él recibimos seguridad y confianza para acercarnos a Dios (Ef 3, 12). Por tanto, acerquémonos con confianza al Dios de la bondad. Él tendrá piedad de nosotros y nos recibirá en el momento oportuno (Heb 4, 16).

Tomado del libro Luces en el camino Autor: P. Angel Peña O.A.R.

Salmo 129

Septiembre 28, 2007

No tengan miedo de que sus oraciones no sean escuchadas, llamen, clamen al Dios que nos ama, y dejen los prejuicios, los miedos, las dudas, la lógica, y todo lo que el mundo dice que es imposible. Llamen al Señor, abran sus corazones, el nos espera, y toma nuestras cargas, nuestros problemas, nuestra desesperación, y nos levanta. Confíen en su misericordia…

LA ESPERANZA DEL PERDÓN

Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.
Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra.
Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora,

Espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
él redimirá a Israel de todos sus pecados.

Del amor de Jesús sobre todas las cosas

Septiembre 28, 2007

CAPÍTULO 7: DEL AMOR DE JESÚS SOBRE TODAS LAS COSAS.

1. Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús, y despreciarse a sí mismo por Jesús. Conviene dejar un amado por otro amado, porque Jesús quiere ser amado sobre todas las cosas. El amor de la criatura es engañoso y mudable, el amor de Jesús es fiel y durable. El que se llega a la criatura, caerá con lo caedizo; el que abraza a Jesús, afirmará en El para siempre. Ama a Jesús y tenle por amigo, que aunque todos te desamparen, El no te desamparará ni te dejará perecer en el fin. De todos has de ser desamparado alguna vez, ora quieras o no.

2. Ten fuertemente con Jesús viviendo y muriendo, y encomiéndate a su fidelidad, que El solo te puede ayudar, cuando todos te faltaren. Tu amado es de tal condición, que no quiere consigo admitir a otro, mas El solo quiere tener tu corazón y como rey sentarse en su propia silla. Si tú supieses bien desocuparte de toda criatura, Jesús morará de buena gana contigo. Hallarás casi todo perdido cuanto pusieres en los hombres, fuera de Jesús. No confíes ni estribes sobre la caña vacía; porque toda carne es heno, y toda su gloria caerá como flor de heno.

Tomado de: La Imitación de Cristo

Oras es Ofrecer

Septiembre 28, 2007

“Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad. Todo os lo he dado. Vuestra soy” Santa Teresa

En todo proceso de amistad poco a poco las palabras empiezan a tener menos importancia que las actitudes. Ya casi no hace falta decirle al amigo que le queremos, él lo sabe… lo importante es estar siempre a disposición. Es a ti a quien quiere Jesús. Le importas tú. Por eso, ofrecerle tu ser es la mejor oración. El ofrecimiento es una oración sencilla que puedes hacer casi sin palabras o simplemente con una expresión. “Tómame” “Heme aquí”

Lo que parece fácil de palabras es difícil en la práctica; por eso ha de formar parte del ofrecimiento tu oración y tu deseo. Si de verdad quieres hacer la voluntad de Dios- que eso es amarle- díselo en la oración, ofrécete, a Él. Y si esto te da miedo díselo también. Él lo comprende. Se lo dijo a su padre en el huerto.: Los santos siempre han practicado esta forma de oración, porque, cuando se ama, sale espontáneamente, “Señor, haz de mí lo que quieras”

“Dios no se da del todo, hasta que nos damos del todo” Esto es el ofrecimiento. Disponernos para darnos del todo a Dios, pero no sólo dicho con palabras, sino confirmado con obras

Hay varias maneras de dar la voluntad según Santa Teresa:

“una manera de darnos al señor es mostrar la joya (Nuestra voluntad) y decir que la tome, y cuando extiende la mano para tomarla, guardarla nosotros muy bien Otras veces ponemos al Señor la joya en las manos y se la volvemos a tomar, somos generosos y decididos de presto y después tan escasos, que valdría mas, en parte, que nos hubiéramos detenido en el dar. Démosle ya de una vez del todo la joya, de todas cuantas tratamos de dársela y pongámonos en sus manos para que haga lo que quiera. Cúmplase, Señor mío, en mí tu voluntad, de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío. Quisiereis. si queréis con trabajos, dadme esfuerzo y venga, si con persecuciones y enfermedades y deshonras y necesidades, aquí estoy, no volveré el rostro. Padre mío. Disponed en mí como en cosa vuestra, conforme a vuestra voluntad

San Ignacio de Loyola

“Tomad, Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis; a vos, Señor lo torno; todos es vuestro, disponed a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto me basta”


Tomado de “A Orar se aprende orando” Ana Ma. Camara Menéndez, stj