Heme aquí Señor

Señor, me has traído hasta aquí.
Tú sabes por qué.
Quiero, deseo que se haga en mí tu voluntad.
Quiero hacer mi entrega
como lo hizo tu madre y también mía.
No estoy aquí por mi voluntad.
Tú me llamaste desde el primer día
y aún antes de mi nacimiento.

Padre, me abandono en tus brazos.
Haz de mí lo que Tú quieras.
Ha llegado el momento definitivo
del salto definitivo al vacío.
Ya no tengo por qué preocuparme
sólo quiero seguir tus pasos,
aceptar lo que vas regalando
dándote gracias por tu fidelidad.

Pero, en este peregrinar,
me asalta muchas veces
la tentación de ir y venir,
de rechazar un lugar donde echar raíces;
el miedo a comprometerme,
al lanzarme en el vacío,
a abandonarme en tus brazos.

Soy sincero cuando digo que quiero seguirte,
que quiero cumplir,
realizar la parte que me pides.
Si no la realizo, se quedará sin hacer
y eso sería terrible.
No porque sea importante
y lo que haga sea extraordinario,
sino que por pequeño que sea
es la parte que me pides.

Escribe un comentario