“Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad. Todo os lo he dado. Vuestra soy” Santa Teresa
En todo proceso de amistad poco a poco las palabras empiezan a tener menos importancia que las actitudes. Ya casi no hace falta decirle al amigo que le queremos, él lo sabe… lo importante es estar siempre a disposición. Es a ti a quien quiere Jesús. Le importas tú. Por eso, ofrecerle tu ser es la mejor oración. El ofrecimiento es una oración sencilla que puedes hacer casi sin palabras o simplemente con una expresión. “Tómame” “Heme aquí”
Lo que parece fácil de palabras es difícil en la práctica; por eso ha de formar parte del ofrecimiento tu oración y tu deseo. Si de verdad quieres hacer la voluntad de Dios- que eso es amarle- díselo en la oración, ofrécete, a Él. Y si esto te da miedo díselo también. Él lo comprende. Se lo dijo a su padre en el huerto.: Los santos siempre han practicado esta forma de oración, porque, cuando se ama, sale espontáneamente, “Señor, haz de mí lo que quieras”
“Dios no se da del todo, hasta que nos damos del todo” Esto es el ofrecimiento. Disponernos para darnos del todo a Dios, pero no sólo dicho con palabras, sino confirmado con obras
Hay varias maneras de dar la voluntad según Santa Teresa:
“una manera de darnos al señor es mostrar la joya (Nuestra voluntad) y decir que la tome, y cuando extiende la mano para tomarla, guardarla nosotros muy bien Otras veces ponemos al Señor la joya en las manos y se la volvemos a tomar, somos generosos y decididos de presto y después tan escasos, que valdría mas, en parte, que nos hubiéramos detenido en el dar. Démosle ya de una vez del todo la joya, de todas cuantas tratamos de dársela y pongámonos en sus manos para que haga lo que quiera. Cúmplase, Señor mío, en mí tu voluntad, de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío. Quisiereis. si queréis con trabajos, dadme esfuerzo y venga, si con persecuciones y enfermedades y deshonras y necesidades, aquí estoy, no volveré el rostro. Padre mío. Disponed en mí como en cosa vuestra, conforme a vuestra voluntad
San Ignacio de Loyola
“Tomad, Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis; a vos, Señor lo torno; todos es vuestro, disponed a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto me basta”

Tomado de “A Orar se aprende orando” Ana Ma. Camara Menéndez, stj
Comentarios