Cuando todavía no eras, yo tenía Yo tu nombre escrito en mi corazón. Muchas creaturas me hubieran servido y amado mejor que tú, pero tú eras quien Yo escogí desde la eternidad; y me regocijaba en darte, con el convite eucarístico, una cruz como precioso regalo de mi ternura
Podría faltarte en el mundo corazones que te amen, pero ¡Yo nunca!. Siempre me tendrás en altares, pronto a enjugar tus lágrimas, a recibir tus confidencias, a trasladar mi Corazón de mi pecho al tuyo
Pues ha llegado el instante feliz de esta unión. Soy Yo quien te eligió antes de que existieras
Capitulo 21
Meditaciones Eucarísticas. Concepción Cabrera de Armida
